miércoles, 11 de marzo de 2020

Relato de un domingo 8 de marzo en la CDMX (2020)


Relato de un domingo 8 de marzo en la CDMX (2020)

Autora: Ana Luisa Nerio Monroy

Buscando a mi tribu

Desde que tuve conocimiento de la convocatoria pensé en asistir, ya he asistido a otras marchas del 8 de marzo o con motivo de alguna causa de defensa de los derechos humanos. Sin embargo, una pérdida personal me tuvo “varada” unos días. No abundaré en ese tema pues amerita otro texto. Estaba en duelo, deprimida y había somatizado la tristeza convirtiéndola en cansancio crónico y malestar estomacal continuo. Así que fue justo en la mañana del domingo 8 de marzo, muy temprano, que me decidí a asistir a la marcha, pero no tenía un contingente o grupo al cual unirme. No hubo problema. Unos mensajes a unas amigas y fui aceptada de inmediato. Ellas ya se habían organizado y me sumaron rápidamente. Primer acto sororo que recibí esa mañana.

Desayuné con mi “amorts”, porque para luchar por los derechos hay que llevar el estómago lleno y el corazón contento. No quería que con la caminata y el sol se me bajara la presión. Me vestí de negro y morado. ¡Ah y mucho protector solar! El pañuelo verde lo conseguiría después, tal y como lo informó una chica del grupo, con las la chavas de la “marea verde”. En la bolsa el kit básico: dinero en efectivo, una identificación, boletos del metro, pañuelos, agua, dulces (por si se requería azúcar), más protector solar.

De camino al metro

El amorts me llevo al metro para no caminar sola. Y allí sentí un poco de desazón. Un poquitín de miedo. Llegué antes de lo acordado con mis amigas. Avise que ya estaba allí. Ellas venían en camino. A pesar de no ser tan temprano (11:00 A.M.), no había mucha gente. Y no pude evitar pensar en esas personas, y sobre todo hombres que atacan a las feministas o que te miran con la vestimenta morada y hacen cara de desaprobación. Y recordé los rumores en redes sobre las amenazas de rociar con ácido a mujeres que participarían en las marchas. “Nosotras preparamos glitter rosa y ellos amenazan con ácido” leí en Twitter días antes.

Otras mujeres con prendas moradas o verdes fueron llegando al metro. Ya no me sentí tan sola. Cuando mis amigas estuvieron cerca me avisaron para subirme al vagón correcto y encontrarnos. Así fue. Su grito de alegría y de que la primera “colecta” había sido un éxito, me sonrojó. Bajamos estaciones adelante para esperar a más mujeres. Pasillos y vagones se pintaron de violeta y verde. Eran muchas y seríamos todavía más. Una vez reunidas la siguiente parada fue el “El Caballito” sobre Avenida Reforma.

Nos vamos sumando

Ya sobre Reforma y cerca de El Caballito esperamos a otras mujeres. No éramos el único grupo, por supuesto, muchas chavas se encontraron allí con sus amigas. No es romanticismo ni sentimentalismo, pero daba mucha alegría ver a mujeres de diversas edades platicar, sentarse en el piso para elaborar sus carteles, trenzarse el cabello, pintarse consignas en el cuerpo con color verde o morado. En mi grupo se compartió el plumón indeleble para que unas a otras nos ayudáramos a escribir nuestro nombre, el de nuestro contacto, teléfono de contacto y nuestro tipo de sangre “por si acaso”. Otro acto sororo. Una chava llevaba un gatito de peluche con cascabel para que nos ubicarnos y nos cuidarnos entre nosotras.  No todas nos conocíamos, éramos amigas de las amigas, pero allí no conformamos como un grupito para poder salir juntas y apoyarnos. Mas actos sororos.  Por fin llegan todas las que esperábamos. Nos movemos hacia el Monumento a la Revolución.






Inicia la marcha

Juntas nos sumamos al contingente de mujeres que van solas, el que no admite hombres.  Nos damos cuenta que somos muchísimas las que vamos a marchar. Mujeres de todas las edades, algunas que se reconocen feministas otras no, pero en general en contra de la violencia hacia las mujeres. En nuestro grupo van dos niñas de 12 y 13 años. Hijas de mis amigas. Y da gusto verles tan valientes y con ganas de marchar y participar en algo que sus mamás les explican, será histórico. Ver mamás con sus polluelas marchar fue de lo más bonito que viví en la marcha. Para que ellas tengan un mundo distinto, para que no vivan con miedo, para que sean libres de elegir sus vidas.

Las consignas

Y marchábamos, lento, nos deteníamos, avanzábamos, nos deteníamos.  Varias comentamos que éramos muchas mujeres y tal vez eso había alentado la marcha. No perdimos el ánimo, aunque quedamos por momentos atrapadas entre contingentes con posturas diversas. Así te das cuenta que no todas las mujeres se consideran feministas ni todos los feminismos son iguales.

Por momentos las consignas no lograban tener todo el eco que hubiéramos deseado, pero nosotras gritábamos ¡Se va a caer! ¡Lo vamos a tirar! ¡El Estado opresor es un macho violador!, ¡No somos una, no somos cien, mira gobierno, cuéntanos bien! ¡Yo sí te creo, yo sí te creo! ¡Te digo que no, necio no, mi cuerpo es mío, yo decido, tengo autonomía y yo soy mía! Por supuesto en varios tramos brincamos cantado “El que no brinque es macho”. Volvimos a retomar Reforma y una vez más pasamos por El Caballito. Allí nos alcanzó una amiga más.  Seguimos rumbo al zócalo. El sol pegaba con fuerzas. Más protector solar y agua para no deshidratarse.  Allí nos tocó escuchar los primeros golpes, ruidos fuertes de mujeres que intentaban tirar las vallas de protección de algunos inmuebles.  Unas gritaban ¡No violencia! Otras ¡Fuimos todas! Había un poco de confusión. La policía protegía edificios y monumentos ¡Me protegen mis amigas, no la policía! ¡Quisiera ser monumento para que el gobierno me proteja! Gritábamos.

Algunos hombres

En tres ocasiones me sumé a los gritos para sacar a hombres de nuestra sección ¡Fuera hombres! Íbamos en el contingente de sólo mujeres, sin hombres, por lo tanto, compañeras se acercaron a ellos para pedirles se salieran, algunos decían, “pero vengo con ustedes, soy aliado, las apoyo, vengo en paz”.  La respuesta era “vete al contingente del final”. Si leyeran cómo se organizó la marcha, sabrían que los hombres sólo podrían sumarse hasta el contingente del final. Ah, pero… ¡No! Allí van de protagonistas.

Y nos retiramos (sin llegar al Zócalo)

El cierre de calles obligó a las mujeres a tomar 5 de mayo. Allí, apenas a la altura del Banco de México, de repente se oyó un estruendo, las mujeres empezaron a correr de regreso; nos tomó por sorpresa, tuvimos que correr de regreso, perdí de vista a mí grupo.  Hubo miedo, confusión.  Me moví hacia unas ambulancias y allí encontré a dos chavas de mi grupo.  Vimos que estábamos bien y empezamos a caminar nuevamente para buscar a nuestras amigas. Otra vez ruido, mujeres corriendo. Encontramos a las demás chavas. Una de las niñas casi se cae y estaba algo asustada. Otra de as chica se cayó y tenía un ligero raspón. Nada grave. Estábamos bien. Seguimos marchando, pero nuevamente empieza los gritos y la confusión. En se momento decidimos que ya no llegaríamos a la plancha del zócalo. No estábamos seguras sobre qué estaba pasando y lo primero sería nuestra seguridad y la de las niñas.  Caminos juntas a una estación del metro segura. Esperamos estar las del grupo que al final se había quedado con unas 10 de nosotras ya que el resto se había separado durante distintos momentos de la marcha, pero nos aseguramos de que todas estuvieran bien. Y al final, esa frase que, aunque ya se ha normalizado nos recuerda que las cosas deben de cambiar ¡Mandan mensaje de que llegaron bien!

Actos “vandálicos”

Durante la marcha se realizaron pintas, se tiraron muros o bardas de protección de inmuebles o monumentos. Sí. Sí paso. Fueron los menos. No se si yo haría algo así, pero entiendo a las chavas que lo hacen. Antes no lo entendía. Hubo un tiempo en que no comprendía por qué se realizaban ciertas acciones que a mis ojos eran “vandalismo”.  Gracias a muchas amigas y después de escuchar y leer las razones de estos actos, hoy lo veo distinto.  No estoy a favor de la violencia y esto no es violencia. Son actos de intervención sobre cosas, y las cosas no sufren violencia, las mujeres sí. Los edificios, inmuebles, estatuas y monumentos se restauran o se reconstruyen. Una mujer asesinada no volverá.  El hartazgo, la indignación, la rabia pueden llevar a expresiones de que ante los ojos de otras y otros no “sean las formas”.  Una de las chavas de mi grupo señaló que las chicas de negro que realizaban estos actos “se la jugaban”, que hacían lo que muchas no nos atrevemos; que lo mínimo que podíamos hacer era no agredirlas y “arroparlas” (qué bonita palabra). Esto no es vandalismo, porque un vándalo o vándala realiza un destrozo con el mero objetivo del daño por el daño, sin que detrás de su acción haya una demanda social. Aquí hay una demanda clara que durante muchas décadas el Estado Mexicano no ha atendido: las mujeres en todo el país corren peligro todos los días, las matan por ser mujeres; la cultura machista sigue imperando en todos los espacios, no hay seguridad pública eficaz, ni justicia con perspectiva de género y sigue reinando la impunidad.

En casa

Ya en casa dediqué un rato revisar la cobertura de la marcha en redes sociales y medios de comunicación.  Muchos resaltaban la gran convocatoria y que era un día histórico. Otros señalaron los actos de “vandalismo”. Yo, por mi parte, disfruté muchísimo ver todas las maravillosas fotos que se difundieron, ver a un montón de amigas, compañeras y conocidas vestidas con morados y verdes, con sus pañuelos y sus pancartas en fotos individuales y grupales; los mensajes, los post, las reflexiones, las vivencias compartidas de muchas mujeres que marcharon en la Ciudad de México o en otras partes del país y del mundo se cuentan por miles. Hay imágenes hermosas, con mujeres de todas las edades y estilos, con carteles y mensajes exigiendo sus derechos. La marcha va a dar material para muchas charlas, intercambio de ideas y reflexiones.

Me fui a dormir cansada pero muy contenta de haber participado. Por supuesto al día siguiente (9 de marzo), yo hice paro. Me encerré en casa a leer y a realizar acciones de autocuidado. También desaparecí de las redes sociales. 

La sororidad

Esta palabra aún desconocida para muchas personas cobra significado real, tangible y palpable en momentos y días como este 8 de marzo. Sororidad, hermandad entre mujeres, apoyo entre hermanas, sin juzgar, tratando de ponerse en los zapatos de la otra, sin rivalizar, empatizando con las demás. Amigas que te suman a su grupo, que te esperan, que te agregan un grupo de mensajes para estar en contacto y asegurarse de que si algo pasa serás monitoreada. Grupos distintos que se protegen entre sí, chavas y mujeres mayores gritando que te pongas tu pañuelo para protegerte de algún tipo de gas que aventaron (no podría decir que lacrimógeno, porque al parecer no fue eso). Unas a otras nos protegíamos, en un momento tenso entre varias cargaron la carreola con todo y crío de una marchista. Nos compartimos, agua, chocolates, dulces, cigarros, boletos del metro, nos sonreímos, gritábamos y cantábamos. También compartimos nuestra preocupación porque algo pudiera salirse de control y por nuestra seguridad.

No voy a romantizar, seguro muchas de las que marchamos no compartimos ideas o formas de actuar de otras. Las mujeres somos muy distintas, cada una desde sus experiencias, vivencias y distintos espacios. En el feminismo hay mucha diversidad y no todas las mujeres son o se reconocen feministas. Lo que en esa marcha y momento histórico nos convocó fue la indignación, la preocupación y el hartazgo ante la violencia que las mujeres vivimos en el país.

Muchos hombres reconocieron que esta marcha y el paro del 9 de marzo eran necesarios y que ellos, desde sus espacios, también debían trabajar en cambiar la cultura machista, cuestionarse sus privilegios y la forma en que han construido su masculinidad. Esto también me parece positivo.

Muchas mujeres que no suelen asistir a la marcha del 8 de marzo, lo hicieron esta vez. Eso fue muy positivo. Otras tantas no pudieron asistir, pero expresaban su apoyo e interés por entender lo que pasaba y por seguir reflexionado en sus distintos espacios del porqué de la situación de violencia que estamos viviendo. Sobre todo, pensando en qué hacer para que esto cambie, tal vez desde casa, desde un trabajo más micro pero que sin duda puede impactar.

Finalmente leí en una red social el texto de una chava que señalaba que las mujeres no solamente marchamos, las mujeres y las feministas hacemos muchas cosas más para que en este país y mundo se respeten los derechos humanos de otras mujeres y de todas las personas. Marchar o protestar es un derecho que ejercimos y seguiremos ejerciendo. Y al mismo tiempo seguiremos trabajando, cada una desde su espacio para en verdad haya una cambio cultural y social a favor de que todas las mujeres gocemos de todos los derechos, hoy en particular, el derecho a vivir una vida libre de violencia.

¡Nos queremos vivas, libres y sin miedo!
@aluisanerio

viernes, 31 de enero de 2020

Paternidades y masculinidades


Autora: Ana Luisa Nerio Monroy

En la actualidad estamos presenciando un cambio generacional importante en materia de masculinidades y paternidades. Ciertamente, estos cambios no son suficientemente discutidos, y muchos hombres se encuentran en estado de soledad y confusión ante las transformaciones en los roles que juegan en la familia, relaciones de pareja, mundo laboral y en la sociedad. Algunos se sienten confrontados y hasta discriminados. El estudio de las masculinidades, que aporta la perspectiva de género, es un marco de análisis que puede contribuir a que hombres y mujeres comprendamos mejor las transformaciones que se están dando y que requieren diálogos abiertos y comprensivos. Esto será indispensable para lograr la igualdad de género a la que aspiramos si queremos una sociedad y un mundo con equidad, igualdad y sin discriminación.



Ser padre significa, desde una óptica meramente biológica, la capacidad que tiene un hombre de procrear y tener descendencia. Sin embargo, es claro que engendrar un hijo o una hija, no es lo mismo que ejercer la paternidad. Paternidad y maternidad no son algo natural, sino construcciones culturales de lo que, en una sociedad y época determinada, se espera de una mujer o de un hombre que se convierten en madre o en padre, respectivamente.

Ser hombre es un hecho biológico, lo mismo que ser padre. Pero la masculinidad y la paternidad son construcciones socio-culturales. Por ello, no es extraño que ciertas formas de ejercer la paternidad hayan sido (y aún sean) aceptadas, de acuerdo al contexto socio-cultural donde se desarrolla la persona. Así como actualmente se habla de masculinidades en plural, debemos reconocer que hay distintas paternidades que se ejercen en función de la situación socio-económica, la edad, la religión, etcétera.

De manera muy simplificada, se pueden ubicar 7 modelos de paternidad. Sin embargo, es importante reconocer que ninguno se encuentra en forma “pura” y que podemos encontrar algunos rasgos de un modelo en otro.

Tradicional-proveedora-distante. Es aquella donde el padre tiene una figura de autoridad sobre quienes integran la familia, es el principal o único sostén económico y su relación con hijas e hijos es distante, poco afectiva y puede o no ejercer violencia. Delega en la madre, u otras mujeres, las labores de crianza y cuidado. No se involucra más allá de estar “enterado” del desarrollo de sus hijas o hijos. El trabajo (muchas horas fuera), le permite mantenerse alejado del hogar tanto física como emocionalmente. 

Tradicional-proveedora-presente. Es aquella donde el padre tiene una figura de autoridad sobre quienes integran la familia, es el principal o único sostén económico de la familia y su relación con hijas e hijos es “educadora para la vida”, prepara a su descendencia (sobre todo a los hijos varones), para enfrentar al mundo, puede o no ejercer violencia. Delega en la madre, u otras mujeres, las labores de crianza y cuidado. Procura estar más al tanto de lo que sucede con sus hijas e hijos, pero en calidad de encargado de “poner en orden o llamar la atención”, cuando es necesario. Su trabajo le requiere muchas horas fuera del hogar y le permite mantenerse alejado físicamente, aunque suele estar informado de lo que sucede con la familia.

Tradicional-proveedora-involucrada. El padre tiene una figura de autoridad sobre quienes integran la familia, es el principal o único sostén económico de la familia. Además de plantear la importancia de prepararse para enfrentar la vida adulta, procura estar al pendiente del desarrollo de sus hijas e hijos. Se permite tener algunas expresiones de afecto con su descendencia. Procura convivir con su familia y establece comunicación con hijas (en calidad de protector) e hijos (como guía masculina), sin rebasar ciertos límites ni abordar “temas, tabú”. Puede o no ejercer violencia. Delega en la madre, u otras mujeres, las labores de crianza y cuidado. Su trabajo le requiere muchas horas fuera del hogar, pero respeta ciertos tiempos de convivencia como fines de semana, vacaciones y reuniones familiares.


Irresponsable-distante-desinteresada. Es aquella paternidad que no contribuye a la manutención de las hijas e hijos y tampoco sostiene un vínculo afectivo ni ejerce labores de cuidados. Se desentiende de las responsabilidades económicas y afectivas respecto a su descendencia. Puede vivir o no con la familia. Ejercen violencia económica y en muchas ocasiones, emocional. La violencia física puede o no estar presente.

Irresponsable-presente. Es aquella que no contribuye a la manutención de las hijas e hijos, aunque sostiene un vínculo afectivo y en ocasiones ejerce labores de cuidados. Se desentiende de las responsabilidades económicas, aunque mantiene cierto contacto que puede ser afectivo o distante. Puede vivir o no con la familia. Ejercen violencia económica y en muchas ocasiones, emocional. La violencia física puede o no estar presente.

Paternidades en transición. Forman parte de las nuevas generaciones que están atestiguando la inserción de las mujeres al mundo laboral, lo que ha implicado que ellas tengan independencia económica, así como niveles educativos iguales o más altos que sus parejas. Reconocen la igualdad entre mujeres y hombres y se oponen a ejercer violencia. Se involucran más con la crianza de sus hijas e hijos y se sienten más libres para mostrar su afecto y sentimientos, pero todavía no se hacen corresponsables de las tareas de cuidado y labores del hogar de manera suficiente o equitativa con su pareja. Preservan algunos rasgos de machismo. Tienen conflictos con su masculinidad, pues el entorno social los presiona para mantener los privilegios que les ha otorgado por siglos la cultura patriarcal. Son corresponsables en materia económica.


Paternidades igualitarias y corresponsables. Son las ejercidas por hombres que están más conscientes o han tenido acceso a otros estilos de educación que les proveen de herramientas para comprender su masculinidad, desde una visión de igualdad de género (no necesariamente las reconocen con ese nombre). Tienen relaciones afectivas más libres de estereotipos con sus hijas e hijos, se involucran en la crianza, tareas de cuidado y labores del hogar, buscando un mayor equilibrio en la carga de trabajo con sus parejas. No ejercen violencia. Tienen apertura para dialogar sobre los temas, situaciones y emociones y eliminar los rasgos machistas que la cultura patriarcal ha inculcado en ellos. Son corresponsables en materia económica.

A manera de conclusión

No hay una forma de paternidad pura, ya que se presentan rasgos de formas tradicionales, con algunos cercanos a las paternidades igualitarias y corresponsables. En realidad, podríamos hablar de una coexistencia de diversos modelos de paternidad. Hoy, muchos hombres buscan nuevas formas de relacionarse con las familias que han formado. En tiempos recientes, han roto con aquellos esquemas tradicionales del padre proveedor, distante y autoritario, para dar paso a relaciones más cercanas y gratificantes con sus hijas e hijos. Sin embargo, aún pesan mucho los estereotipos y roles tradicionales de género, que obstaculizan el ejercicio libre y disfrute de paternidades igualitarias, corresponsables y afectivas.  

@aluisanerio

jueves, 15 de agosto de 2019

Género, edificios gubernamentales, construcciones y seguridad



                                                                        Autora: Ana Luisa Nerio Monroy

¿Por qué es importante pensar en la ubicación y tipo de construcción de un inmueble destinado para dar servicios a la población? ¿Deben los gobiernos y autoridades pensar en asuntos como el transporte de su personal y la iluminación de las calles a su alrededor?

Desde un enfoque o perspectiva de derechos humanos, igualdad de género, no discriminación e inclusión, las instituciones públicas, gubernamentales o autónomas, deben tomar en cuenta que la población que requiere de sus servicios o el personal que labora en sus instalaciones, tienen una serie de derechos relativos al trato respetuoso, digno, con equidad, no discriminación, con accesibilidad y movilidad segura y en condiciones de seguridad.

Debe tomarse en cuenta que generalmente las mujeres trabajadoras realizan recorridos complejos para cumplir con distintas tareas–de casa al colegio, del colegio al trabajo, del trabajo a la tienda, de la tienda al colegio, del colegio a casa, mientras que los desplazamientos de los varones suelen ser de tipo simple: de casa al trabajo, del trabajo a casa. Además, cuando sólo existe un coche por unidad familiar, éste suele ser utilizado por el varón mientras que la mujer se suele desplazar caminando o en transporte público. Así mismo, podemos complejizarlo aún más si a estos desplazamientos incorporamos el hecho de que se realicen acompañando a niños y niñas, personas mayores, personas enfermas o con movilidad reducida.

En los aspectos que tienen que ver con la movilidad es fundamental la aplicación de la perspectiva de género en la identificación de pautas de desplazamientos, flujos e itinerarios, de manera que al momento de tomar las decisiones sobre la ubicación de un inmueble que se utilizará para dar servicios a la población, o para que el personal pueda llegar a su lugar de trabajo y cumplir con su horario laboral, además de responder a sus necesidades familiares y de vida personal, deberá tomarse en cuenta las opciones de transporte.


El que un inmueble para el uso de una institución pública esté cerca de los servicios de transporte, facilita en mucho la vida laboral y las responsabilidades familiares y personales de mujeres y hombres. Contar con estaciones del servicio de transporte colectivo metro, metrobus, servicios de transporte concesionado (microbuses), servicios de taxis cercanos y seguros, significa aplicar un enfoque de género, pues facilitamos la llegada y retorno de casa al trabajo y viceversa tanto para mujeres y hombres, además de incentivar que se compartan de manera equitativa las tareas familiares.

Asimismo, una ubicación con medios de transporte cercanos, facilita a los usuarios de los servicios que brinde un organismo, oficina de gobierno o institución. Al interior de los inmuebles, los espacios deben ser dignos y seguros tanto para mujeres como para hombres, tomando en cuenta que son las mujeres quienes son de manera más frecuente víctimas de acoso y hostigamiento sexual. Al respecto es recomendable contar con oficinas y pasillos iluminados, oficinas con ventanales que permitan privacidad necesaria pero que no posibiliten acciones de hostigamiento o acoso.

Debido a las diferencias sexuales y reproductivas entre mujeres y hombres es preferible contar con servicios sanitarios separados, pero promover la equidad de género equipando ambos servicios con cambiadores de pañales, por ejemplo.

Parece obvio que las mujeres, y mucho más si van acompañadas de personas vulnerables como niños y niñas, personas mayores, enfermas o con movilidad reducida, presentan una mayor indefensión ante ataques o conflictos con otras personas. La seguridad tiene una componente real –aquellos puntos de la ciudad que son verdaderamente peligrosos por los colectivos que los ocupan-, pero también tiene que ver con la percepción. La mujer no sólo debe estar segura, sino que debe sentirse segura. Ese debería ser uno de los objetivos principales del enfoque de género aplicado a la decisión sobre la ubicación y/o construcción de inmuebles. Cuestiones como una adecuada iluminación de los recorridos principales, de los recovecos, calles secundarias, salidas de metro, paradas de autobús, etcétera deberían ser contempladas por los proyectos de urbanización y detectados en los estudios de desarrollo urbanístico.


Si las calles son seguras, la ciudad lo será. Un indicador de la seguridad en las calles consiste en que las mujeres puedan sentirse seguras en medio de los desconocidos que se cruzan en ella. Las extensiones de baja densidad con muros de parcela sin ventanas, sin posibilidad de comercios, equipamientos o espacios públicos de encuentro, son focos de inseguridad. Deben evitarse los callejones sin salida, las calles que sólo tienen edificación en uno de sus lados siendo el otro una gran manzana de uso público como hospitales o colegios, o grandes superficies comerciales sin puertas ni escaparates, o parques excesivamente grandes. Estos son ejemplos de diseños que producen sensación de inseguridad para las mujeres, pero también para cualquier persona.

Una construcción o inmueble de una institución u organismo público debe promover y garantizar el derecho a la no discriminación y a no ser excluida/o. La ausencia de accesos para personas con discapacidad, de rampas y elevadores atenta contra el derecho a la no discriminación y a la inclusión. Lo mismo ocurre con pasillos y puertas estrechas que no permiten el acceso de personas en sillas de ruedas. La ausencia de guías en el piso para personas con discapacidad visual es otra violación, lo mismo que la falta de barandales para quienes usan bastón por alguna discapacidad motriz (e inclusive para una mujer embarazada). Los sanitarios deben contar con las adecuaciones necesarias para que las personas con discapacidad puedan utilizarlos.

En materia de discapacidad uno de los elementos a considerar es el diseño universal que se rige por siete principios: uso equitativo; flexibilidad en el uso; uso simple o intuitivo; información perceptible; tolerancia al error; esfuerzo físico bajo; tamaño y espacio para el acceso y el uso.

Conclusión

La perspectiva de género implica reconocer otras características y componentes de los derechos humanos como la no discriminación y la inclusión. Por ello resulta de suma importancia que en temas que parecieran ajenos, como el urbanismo, arquitectura, construcción de inmuebles, remodelación de éstos, renta o compra de inmuebles para el servicio público, se tomen en cuenta los elementos del enfoque de género y accesibilidad física para grupos de población muchas veces invisibilizados.

@aluisanerio

lunes, 6 de mayo de 2019

NO SER MADRE EN EL DÍA DE LAS MADRES



Autora: Ana Luisa Nerio Monroy

No deja de llamar mi atención la reacción de algunos compañeros y compañeras de trabajo, sobre todo hombres, cuando el día de las madres hace su arribo en el calendario y me felicitan en el trabajo ¡Felicidades licenciada! (Nota: todas y todos somos licenciadas o licenciados en este ambiente Godínez en el que actualmente me desenvuelvo y que adoro, no me malinterpreten) ¿Cómo? ¿No fue al desayuno de las madres? y respondo “No, no fui. Porque yo no soy mamá”. ¡Ah bueno! Disculpe, bueno…pero bueno…tal vez algún día….

La gente se descompone y no sabe qué hacer o decir. Porque para algunas personas es contradictorio y genera extrañeza, en este mundo donde se ha construido culturalmente la idea de que las mujeres somos madres, encontrarse con una mujer que suponen es mamá y no lo es. Y se sorprenden aún más si les digo que tengo varios años casada y luego terminan de sorprenderse si además se enteran que soy católica.

Una mujer sin hijos o hijas, que en general se ve saludable, relativamente joven y que además está casada, no cuadra con el binomio mujer-madre, que nos guste o no, aún está inserta en la mente de muchas personas. Esto no debe extrañarnos ya que la construcción de género y sus mandatos tradicionales, siguen muy presentes en nuestra sociedad. Por tanto, si bien existen avances, las mujeres siguen etiquetadas y ubicadas en ciertas actividades, actitudes, tareas y destinos. Uno de ellos es la maternidad.




¡Ah¡, Y de una vez aclaro, no tengo nada en contra de quienes son madres, desean y deciden serlo. No las creo de ninguna manera inferiores, pero tampoco superiores, simplemente su proyecto de vida es distinto del de otras mujeres, entre las que me ubico.

Sigo entonces…El asunto de estar casada y sin hijos genera mucho ruido porque aún prevalecen ciertos prejuicios ante la maternidad en solitario. Estar sola y sin hijos tal vez no está tan mal, podría ser hasta más responsable (habrá quien lo crea así). Para qué complicarse la vida y “aventarse el paquete de traer hijos o hijas al mundo sin un papá”. O si eres una “solterona” (¡qué horrible palabra!) pues se entiende…si no hay pareja estable o matrimonio no hay hijos (falsa idea). Pero casada y sin hijos…algo raro (o malo) habrá ¿no?

Además, se enteran que soy católica y se preguntan…bueno ¿pero si es católica debería desear tener hijos? A las y los católicos les gusta tener bebés (otra falsa idea). Se casan para formar una familia (como si una familia sólo existiera cuando hay descendencia).

Si sumamos que uno de los temas con los que me siento muy comprometida y de alguna manera, trabajo, defiendo y visibilizo son los derechos de niñas, niños y adolescentes…dicen… ¿Cómo? ¡Si no es una odia-niños y niñas! Si está casada, es católica, está joven (no tanto eh, estoy en mis 40s), si se ve saludable… ¿Por qué no es mamá?

La respuesta para mí es sencilla. Porque no quiero. Porque soy de esas pocas afortunadas en el mundo que pudo decidir. Que pudo elegir no ejercer la maternidad porque se dio cuenta que eso no era lo suyo. Porque en mi vida hay otras cosas que la enriquecen, que me hacen sentir plena, realizada y que me generan mucha felicidad. La maternidad no es una de ellas. Y sí, tengo una pareja que hasta ahora ha compartido esa idea y nos la pasamos requetebién.

@aluisanerio Twitter

Enfoque DH Blog


miércoles, 13 de marzo de 2019

¿Se puede ser católica y estar a favor del aborto?


Autora: Ana Luisa Nerio Monroy


Soy una mujer que se asume católica. Fui criada y educada en esa fe. Voy a misa (no voy a decir que cada domingo, voy cuando me nace y mi espíritu lo necesita); cumplo con los mandamientos (hasta ahora no he matado a nadie, ni robado, no tomo el nombre de Dios en vano y honro a mi padre y a mi madre, por citar unos ejemplos). Me gusta formar parte de muchas de las tradiciones ligadas al catolicismo, de sus ritos y simbolismos.  A final de cuentas profesar una religión es un derecho humano. Para mí, profesar mí fe es un derecho y una necesidad.

Me asumo una católica liberal, me identifico con la teología de la liberación y con la teología feminista, es decir, desde mi conocimiento aún limitado del tema del que de ninguna manera soy experta, la teología feminista tiene una postura crítica frente a dogmas y preceptos que la Iglesia Católica de corte conservador, ortodoxo, sexista y patriarcal, ha sostenido durante siglos. La teología feminista reconoce a las personas como iguales y creadas para relacionarse de manera libre, incluyente y sin violencia.  Cuestiona el papel que la Iglesia tradicional ha dado a la mujer como subordinada y aplica la perspectiva de género para analizar los temas que preocupan a las mujeres. “No podemos dejar de mencionar que la teología feminista introduce y visibiliza el cuerpo de las mujeres como categoría de reflexión y de análisis teológico, antropológico social y político. (…) la teología feminista supone también liberar los cuerpos de mujeres asediados por la violencia física, verbal y simbólica que padecen cotidianamente”.[1]

Yo creo en un Dios de amor y de perdón, en un Dios que desea mi felicidad y realización. Mi fe no me quita mi libertad de consciencia y libre albedrío. Sin embargo, mi fe se queda en la esfera de mi vida privada. No me confundo y reconozco y valoro la importancia del Estado Laico.

Soy católica y estoy a favor del aborto porque creo firmemente en el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo; porque nunca, para ninguna mujer puede ser fácil tomar la decisión de realizarse un aborto; porque el asunto no es aborto sí o aborto no, sino las condiciones de seguridad legal y de salud en las que se debe practicar; porque así como una mujer que desea con todas sus fuerzas ser madre, lo intentará y lo buscará por todos los medios, la mujer que no quiere ser madre buscará la manera de abortar aun poniendo su vida en riesgo; porque mientras no haya educación sexual libre de prejuicios que permita a las personas ejercer su sexualidad de manera responsable e informada; y no haya acceso a métodos de anticoncepción disponibles físicamente y accesibles económicamente para la toda la población, no hay una verdadera libertad para decidir.

Porque mientras siga existiendo un sistema social, cultural, laboral, económico y judicial patriarcal, machista, sexista y misógino, no hay verdadera libertad para decidir.

Mientras los hombres puedan “abortar” en cualquier momento su deber y obligación ética, moral, económica y social con las mujeres que abandonan al enterarse de un embarazo, no hay verdadera libertad, igualdad ni derecho a decidir.

Mientras los hombres no abandonen sus privilegios, dejen de violentar a las mujeres y sea su cuerpo, su salud, su libertad y su proyecto de vida el que se ponga en riesgo, no pueden apropiarse del derecho a decidir sobre la vida de las mujeres.

Mientras el sistema económico, social y laboral no genere y proporcione a las mujeres condiciones y oportunidades para ejercer una maternidad feliz, con seguridad social, sistemas de cuidado, sin techos de cristal ni suelos pegajosos, con garantías para niñas y niños ya nacidos, no hay libertad para decidir.

La legalización del aborto no significa que en cualquier momento y en todas las circunstancias se puede interrumpir un embarazo. Hay límites y circunstancias que la ley regula. Hasta hoy, leyes como la de la Ciudad de México permite interrumpir el embarazo hasta las 12 semanas. Hay causales como violación, grave peligro para la vida de la madre o malformaciones graves del producto que también contempla la legislación.

Cuando se practica un aborto dentro de un marco legal se proporciona servicio médico, acompañamiento psicológico, asesoría sobre anticoncepción y seguimiento a la salud de la mujer post intervención.






Despenalizar el aborto, como se ha dicho hasta el cansancio, no significa que una mujer esté obligada a realizarlo. Se trata de que no mueran miles desangradas por introducirse un gancho, por tomarse una “preparado”, por una intervención mal practicada, sin el instrumental médico adecuado, en condiciones peligrosas e insalubres.

Se trata de que una mujer que tuvo un aborto provocado y tiene  afectaciones a la salud como un sangrado y recurra a un servicio médico para salvar su vida no sea denunciada y tratada como criminal; que si tuvo una pérdida del producto de la concepción por causas naturales, no sea llevada a la cárcel pues no es una asesina. Despenalizar el aborto sí reconoce el derecho a la vida: el de la mujer y su proyecto de vida. Las cifras hasta hoy no dan indicios que con la legalización se disparen los números de abortos. Legalizar evitará por el contrario la clandestinidad y todo lo que esto puede implicar.

Las mujeres han abortado durante siglos, negar que esta práctica se realiza aún en mujeres que se consideran católicas es para mí un acto hipócrita, Y querer imponer una visión desde la fe y convicciones personales a un asunto de salud pública y de derechos de las mujeres, que ya está inclusive reconocido en instrumentos internacionales de derechos de las mujeres, es una necedad.

Sí. A quien me lea aquí le digo. Soy católica y estoy a favor del aborto y sí, estoy tranquila con mi consciencia.

@aluisanerio



                                                                                                                



[1] Radio Ibero, ¿Qué es la Teología Feminista? http://ibero.mx/prensa/que-es-la-teologia-feminista, 29 Ene 2017. Consulta hecha el 12 de marzo de 2019.

lunes, 15 de octubre de 2018

16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación: tradiciones y calabaza en tacha



Autora: Ana Luisa Nerio Monroy

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), fue fundada el 16 de octubre de 1945 y por ello, esta fecha se celebra cada año el Día Mundial de la Alimentación. La alimentación es un derecho humano básico, indispensable para la vida humana. 

Es un derecho “complejo” porque en él convergen una gran cantidad de aspectos o componentes, sin los que no podría entenderse su trascendencia más allá de la ingesta de minerales, proteínas, vitaminas y otros nutrientes que el organismo humano necesita.

La alimentación debe ser suficiente en cantidad, de calidad, inocua (que no nos haga daño), accesible económica y físicamente y culturalmente aceptable.  Sobre este último componente me voy a centrar. ¿Puede acaso una mexicana o un mexicano no pensar en comida y la muy variada y rica cocina mexicana? Por supuesto que nos hace total sentido hablar de alimentación y cultura tomando en cuenta que en nuestro país la comida es parte fundamental de las tradiciones, saberes y formas de vida, de quienes habitan los distintos estados que componen la República Mexicana.







La comida, los alimentos, las especies, los olores, sabores y colores forman parte de la cultura del país y de nuestra propia historia de vida. ¿Cuántas recetas de familia pasan de generación en generación? ¿Quién de ustedes tiene en la memoria ese platillo que sólo su abuela, abuelo, tía, tío, mamá, papá, hermana sabe hacer de manera tan única y deliciosa?

En este Día Mundial de la Alimentación celebro su componente cultural compartiendo una receta familiar. La calabaza en tacha (dulce) de mi mamá, receta que además viene muy a cuento en estos días próximos a la celebración de Día de Muertos.

Calabaza en tacha (dulce).

1 kilo de calabaza de Castilla en pedazos medianos/ ¼ de piloncillo/ 1 taza Agua/ 4 Rajas de canela/ 2 clavos de olor.

Se cuece la calabaza en una olla o cacerola con una taza de agua, ( no más de una taza pues la calabaza suelta muchísima agua y queremos que el dulce quede espeso); se agrega, el piloncillo, la canela y los 2 clavos de olor, (no más de 2 o se amarga). Se pone al fuego y una vez que suelte el primer hervor se pone baja el fuego bajito y se deja cocer durante 30 minutos. Revisar que este bien cocida. ¡Listo! Se sirve como postre.

@aluisanerio

jueves, 11 de octubre de 2018

11 de octubre Día Internacional de la Niña, violaciones a sus derechos en México (2018)




Autora: Ana Luisa Nerio Monroy


No es casual que la lucha por la igualdad de género y la prevención y eliminación de la violencia en contra las mujeres sea un tema de preocupación mundial ya que en todos los grupos de población: personas con discapacidad, personas mayores, migrantes, indígenas, refugiados, desaparecidos, población LGBTTI, etcétera, hay mujeres.


Y son las mujeres las que dentro de esos grupos de la población suelen ser las que a causa del sistema patriarcal y todo lo que éste implica con su machismo y misoginia, enfrentan más obstáculos ejercer y gozar de todos sus derechos.


Peor aún, si se trata de las niñas pues aún no se ha superado la visión adultocéntrica que trata a las niñas y niños como propiedad de las personas adultas y que no les reconoce derechos más allá de los que “la sabiduría de los años decide darles”. Si se suma a la edad el asunto del género, tenemos una combinación alejada de un enfoque de derechos de la infancia que coloca a las niñas en situaciones de gran vulnerabilidad.


Se considera que la niñez va de los cero a los 18 años. En México la Encuesta Intercensal 2015 señala que residen 39.2 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años, lo que representa 32.8% de la población total. Aproximadamente la mitad de esa población son niñas. Es decir, en México hay cerca de 20 millones de niñas que se enfrentan a diversas problemáticas y obstáculos para el goce y ejercicio pleno de sus derechos humanos.


Por ejemplo, la Fundación para la Justicia y el Estado de Democrático de Derecho señaló, hace algunas semanas que, de los 5 mil 452 menores desaparecidos, 3 mil 217 son niñas y 2 mil 235 niños. (Datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas)[1]. ¡Más de 3 mil niñas! Niñas cuyas familias viven en la desesperación y dolor de no saber dónde están. La desaparición de estas niñas puede tener diversas explicaciones: crimen organizado, trata de personas, explotación sexual, explotación laboral, tráfico de personas, violencia de género. Por su edad o grado de madurez, así como por su condición de mujeres, las niñas son un grupo en situación de mayor vulnerabilidad dentro de las propias mujeres. Ante esta problemática, como en muchas otras, poco ha hecho el Estado Mexicano o lo que ha realizado no ha resultado realmente efectivo.  


Otro ejemplo, y tema de verdadera alarma en nuestro país es el de embarazos en niñas y adolescentes. La organización IPAS señala en un estudio presentado este año (100% recomendable su lectura)[2], que en 2016 México registraba más de 11 mil nacimientos en niñas entre 10 y 14 años. Cifra tras de la que se pueden ocultar muchísimos casos de violencia sexual. ¿Puede alguien imaginar a una niña de 10 años teniendo relaciones sexuales de manera consiente y consentida? Yo definitivamente no.






Un embarazo durante la adolescencia conlleva diversos riesgos para la vida y salud de madres, hijos o hijas. Asimismo, el proyecto de vida de la joven se ve obstaculizado. Un gran número de madres adolescentes no continúan o no concluyen sus estudios y esto repercute en otros de sus derechos como la salud, el trabajo y una vida libre de violencia.


Este 11 de octubre, Día Internacional de la Niña es una fecha para reconocer la enorme cantidad de violaciones a los derechos humanos que millones de niñas viven en todo el mundo. Exigir el respeto a sus derechos, no callar ante las injusticias; cambiar la forma en que educamos a niñas y niños puede contribuir a que no haya niñas sin acceso a la educación, a la salud, o a una vida libre de violencia. #LasNiñasTambiénCuentan





@aluisanerio







[1] Sin Embargo, La cifra del horror: 3,217 niñas y 2,235 niños desaparecidos en 10 años en México; 70%, con Peña en http://www.sinembargo.mx/30-04-2018/3413470
[2] IPAS, Violencia sexual y embarazo infantil en México. Un problema de salud pública y de derechos humanos. https://www.ipasmexico.org/wp-content/uploads/2018/06/Brochure%20Violencia%20Sexual%20y%20Embarazo%20Infantil%20en%20Me%CC%81xico,%20un%20problema%20de%20salud%20pu%CC%81blica%20y%20derechos%20humanos.pdf