Enfoque DH es un espacio para comentar distintos temas, sucesos y noticias desde un enfoque de derechos humanos y con perspectiva de género. Todo es a título personal y a veces escribo sobre otros temas porque sí, porque me interesa y es mi blog, si no te gusta...pasa de largo. Y si te gusta comparte o comenta. Sobre la autora: Mujer (ella), amante del café, plantas y perros. Internacionalista por la UNAM con experiencia de trabajo en DDHH. Ama la docencia, facilitar talleres y escribir.
lunes, 18 de abril de 2022
¿Calladita te ves más bonita?... ¡Pues me voy a poner bien fea!
jueves, 8 de abril de 2021
Importancia del lenguaje inclusivo
Importancia
del lenguaje inclusivo
Autora:
Ana Luisa Nerio Monroy
Utilizar
el lenguaje inclusivo cobra cada vez más importancia para lograr la igualdad de
género. Como ya lo ha señalado el
filósofo y escritor George Steiner “Lo que no se nombra no existe”. Y las
mujeres, así como otros grupos de población han sido omitidas del lenguaje
durante muchos años. No es raro que con el avance de las diversas corrientes
del feminismo y de los estudios de género, el lenguaje incluyente y no sexista
también se haga presente cada vez con más fuerza.
Uno de
los argumentos de quienes se oponen al uso del lenguaje inclusivo (uso de
manera indistinta lenguaje inclusivo, lenguaje incluyente y lenguaje incluyente
y no sexista para fines de economía del lenguaje), señala que en el masculino
genérico están incluidas todas las personas y por supuesto las mujeres. Así, deberíamos
entender que si dicen “el hombre ha logrado a través de la ciencia y el
conocimiento elevar la calidad de vida de la población mundial”, las mujeres
debemos sentirnos incluidas. Si en un salón de clases la maestra nos dice
“niños, pueden salir al patio y tomar su descanso y refrigerio”, las niñas
deben sentirse incluidas. Y sí, así lo hemos hecho por cientos, miles de años.
Nos hemos acostumbrado o mal acostumbrado a formar parte del masculino
genérico. ¿Por qué?
Porque
nuestra cultura es patriarcal y androcéntrica[1]. Recordemos que en la
historia de la humanidad el sistema patriarcal ha dominado en todas las
culturas. El paterfamilias o padre de familia era quien tenía el poder
sobre niñas y niños, mujeres, personas mayores y otros hombres vistos como
menos fuertes. Así que nombrar a quienes
eran invisibles o poco importantes desde el punto de vista masculino, no tenía
mayor razón de ser.
Ese es
el poder del lenguaje inclusivo, esa es su importancia: contribuir a hacer
visibles a las mujeres y sacarlas de esos rincones oscuros donde fueron
confinadas para no reconocer sus diversos aportes a la humanidad. Se ha
documentado que en todos los tiempos y culturas ha habido mujeres realizando contribuciones
en las artes, la ciencia, tecnología y la política, cuyos nombres se ocultaron,
omitieron o borraron. Cada vez más, salen a la luz descubrimientos, inventos y
obras que fueron robadas para ser publicadas bajo el nombre de un varón. Por
eso hablar hoy de las mujeres y utilizar lenguaje inclusivo es tan importante,
tan políticamente trascendente y sobre todo tan éticamente necesario.
Se
habla del derecho a ser nombradas, porque el lenguaje vuelve real las cosas. Al
llamar “silla” a un objeto, nuestro cerebro lo asocia con una forma, le da
cuerpo, sentido, vida. La silla podría existir o no, pero no es tal, no existe
realmente hasta que se le nombra. Nombrar a las mujeres, hablar en femenino
cuando esto sea posible es un deber ético. Decir presidenta, jueza, magistrada,
ingeniera, abogada, científica, directora o astronauta tiene un peso real y
simbólico para la psique de las personas, en particular para las niñas y
mujeres jóvenes.
Utilizar
lenguaje inclusivo no implica necesariamente acabar con la gramática o el uso
correcto del español, ya que ésta es una lengua muy rica, que nos da muchas
opciones. Utilizar lenguaje inclusivo no implica cambiar todas las palabras a
femenino, sino buscar fórmulas para incluir a las mujeres y otros grupos de
población. Y cuando las mujeres estén presentes nombrarlas.
Enfoque
DH
Enfoquedh.blogspot.com
@aluisanerio
jueves, 4 de marzo de 2021
El duelo por un perrijo: carta a mi amado Sam
Mi amado, mi muy amado, mi siempre amado Sam
Bigotes:
Fuiste un regalo maravilloso. El mejor regalo de Día de Reyes que he recibido. Empecé a escribir este texto unas semanas después de tu partida y lo he leído, corregido y reescrito varias veces. Hoy, a un año de aquella mañana de marzo en que nos miramos por última vez, por fin me animo a publicarlo. Estoy segura que hay personas quienes, como yo, aman o han amado a un perrito; y entenderán lo importante que es compartir, celebrar y agradecer la vida, la hermosa vida de un peludito como tú
Te mire, me miraste y supimos que ese sería un amor para el resto de nuestras vidas.
Era enero de 2011, poco
después del Día de Reyes, cuando entré a esa tienda y estabas en los brazos de
una vendedora. No recuerdo a los otros cachorritos que estaban allí, había
varios más, pero yo sólo te vi a ti. Tenía años deseando tener un perrito, y ya
había pensado en un mini schnauzer. Eras muy pequeño y peludito (2 meses y
medio), correspondiste a una caricia que te hice lamiendo mi mano. Te cargué y
fue mágico. ¿Verdad que fue a amor a primera vista? Siempre lo he pensado. Yo
te vi, pero tú me escogiste. Gracias por eso. Dudé un poco pero El Güero (así
llamaremos aquí a tu papá), me dijo “pues si lo quieres, nos lo llevamos”. Así
fue. Salimos de esa tienda contigo, una bolsa de croquetas, tu camita (esa de
tela a cuadros cafés que aún conservo), y la felicidad de saber que nuestra
familia estaba completa.
Eres un perruco loco,
Sam es un perruco, loco y lo quiero mucho
Tu nombre tiene una
historia. Sam Bigotes es un personaje de caricatura, un señor de cejas
pobladas, un cazador bigotón muy gracioso. El nombre me gustó mucho para ti.
Eras así, peludito, bigotón y cejudito. Sam Bigotes Nerio, tu nombre generaba
risa y ternura entre las personas a quienes se los decíamos.
Tu nombre y sobre todo
tú, inspiraron canciones y porras: “Eres un perruco loco, tú eres un perruco,
loco, Sam es un perruco loco y lo quiero mucho”. Esa misma canción fue con la
que nos despedimos, la canté bajito, suavecito para tranquilizarte el día que
partiste. Tenías una porra también: “¡Sam, Sam, Sam Bigotes; Sam, Sam, Sam
Bigotes, Bigooooteees, Bigoteees, él es Saaammmm...Bigooooteeesss! Y hasta modifiqué
la canción “17 años” de los Ángeles Azules para que dijera “Amo sus brinquitos,
amo sus bigotes, es mi primer chancho, mi primer amor. Es chiquito, travieso y
juguetón, chiquito, travieso y muy tragón; es el chancho del amor, el chancho
del amor, el chancho del amor, el chancho del amor”. Chancho era uno de tus
muchos apodos.
Sí. Te llamabas Sam
Bigotes pero también era Samcito, chancho, chancho bebé, mi gordito, mi rey, papito,
gordito chabocho, el chabochito, el bochito, el chivo, chivito, el chivo loco,
el bebo, mi chiquito lindo, pelu-baby, el caballero (ese te lo puso mi papá),
muñeco, muñequito, mi amore y mi amore perro.
Tus primeros años en
casa: entre brincos, helado y paseos.
Nunca había tenido un
perrito propio, así que para ambos tu llegada fue una aventura. Padeciste mi
inexperiencia y cometí varios errores en tu cuidado, educación y alimentación. Hoy
creo que debí ser menos dura, pues como me dijo El Güero, la presencia de seres
como tú, es un suspiro en la vida humana.
Debí dejarte más veces
junto a mí en la cama y jugar muchas más horas contigo. Me hubiera gustado
hacer muchas cosas de manera diferente, pero ambos sabemos que, a pesar de mis
errores, lo que nunca te faltó fue mi amor. Traté de ser una buena dogmom.
Me gusta cómo una palabra en inglés puede resumir algo tan fácilmente, de manera
tan práctica; porque en español no imagino la palabra “mamá-perro”, no se…no me
suena. Yo era tu dogmom y cuidarte y amarte ha sido un privilegio.
Tú me ubicabas por mamá.
El Güero te enseñó que yo era mamá, y me daba mucha risa cuando no me veías y El
Güero te decía “¡Mamá, mamá! ¿Dónde está mamá?”, “Saluda a mamá” “Allí está mamá”.
Corrías feliz y brincabas y movías tu colita. Tus bienvenidas eran una de las
cosas más lindas de mis días.
Recuerdo claramente la
forma en que te asomabas a mi cama por las mañanas para ver si ya estaba
despierta; tus patitas sonando en la duela del piso del departamento, el ruido
de tu cuerpo al saltar a tu sillón favorito, tus pujiditos cuando algo te
asustaba o preocupaba y por supuesto, tu ladrido. Te fascinaba la pechuga de
pavo, la carnita de hamburguesa, el helado, las galletas, el pan y la comida de
“rancho” que te daba tu abuela. Comías con gran entusiasmo, eras un verdadero
tragoncito. También corrías al llegar de un paseo y brincabas a la cama para
cerciorarte de que yo estaba allí. Si no nos veíamos por algunos días me
recibías con mucho entusiasmo y parecía que me reclamabas con tu ladrido por
ausentarme y dejarte. Odiabas que te bañara y durabas horas ofendido conmigo.
Por supuesto amabas que
te rascara la pancita y el cuello; eras feliz en nuestras caminatas por la mañana
y la tarde, te detenías a oler todo y a veces te “amarrabas” cuando yo quería
continuar, pero tú deseabas oler algo más tiempo. Jugabas “luchitas” con tu papá
y a las escondidillas; tú y yo teníamos un juego llamado “pelea de cachorros”
que eran una especie de luchitas arriba de la cama.
Te tomé muchas fotos (menos
de las que creo me hubiera gustado). Ahora me detengo por largos ratos a
mirarlas y te veo allí…tan guapo, con tanto porte, y al mismo tiempo con esa
carita que amé desde el día que nos encontramos. Podías quedarte por largos
ratos entre mis brazos con el cuellito colgando, o en tiempo de frío acurrucado
junto a mí en el sillón o la cama.
El Güero solía decir “ese
perrito está enamorado de su mamá”. Y se que así era. Me amabas como sólo un
ser como tú podía hacerlo. Me amaste de forma incondicional y se que sabes que
yo te amé a ti, profundamente. Solías poner tu cabecita en mi pierna y mirarme con
esos ojitos negros; si El Güero me abrazaba o se me acercaba tú brincabas y te
interponías.
Te cargaba y abrazaba, solía oler tu cabecita y tus orejas para no olvidar tu olor, te olía el “pescuezo” (cuello) y te hacía cosquillas. Muchas veces por la noche me levantaba para hacerte una caricia y darte un beso en tu “coquito” (cabecita). Me gustaba saber que estabas allí, en tu camita, pero muy cerca de mí, cuidándome, acompañándome. Te dí muchos besos, menos de los que debí darte.
Y llego tu hermanita
perruna
Dejarte para salir a
trabajar se convirtió en una experiencia triste pues te quedabas solo muchas
horas. Después de unos años decidimos buscarte compañía. Una hermanita perruna.
Fue así como en septiembre de 2014 llegó Coco Channel, una perrita maltés con mucho
carácter que se convirtió en tu compañerita de juegos. Se que Channel te
extrañó y aún te extraña a montones. Durante varias semanas después de tu
partida, al llegar yo o tu papá del trabajo se asomaba para ver sí venías con
nosotros, como en las varias ocasiones que regresaste del hospital después de
unos días de ausencia. Aún hoy, hay ocasiones que pareciera que te busca o que
mira por largos momentos hacia aquellos rincones donde solías recostarte. Se
que cuando a ella le toque el momento de partir se reunirá contigo para brincar
y jugar juntos.
Así fuimos 4. Coco
Channel eligió a tu papá como tú me elegiste a mí. Porque tú eras mío, muy mío
y yo era tuya. Channel y tú se
convirtieron en grandes camaradas, brincaban, jugaban y corrían juntos. El carácter
de cada uno era distinto, sin embargo, había cosas para las que se aliaban muy
bien: chantajear por comida, exigir atención y amor. “La mafia del comer” y los
“mafiositos” los bautizó tu papá.
La misión de los perros
Durante estos años he leído
muchos artículos sobre los perros, su historia y su misión en nuestras vidas. Cuando
enfermaste y con tu partida repasé algunas de esas lecturas. Estoy segura que teníamos
que encontrarnos. Fuiste mi compañero en momentos de mucha soledad y tristeza,
me rescataste de muchas maneras y se, que quienes aman a un perro comprenden a
lo que me refiero. Curaste muchas veces mi corazón y me enseñaste muchas cosas.
Esas que sólo ustedes los angelitos peludos pueden enseñar a seres tan básicos
y egoístas como somos los seres humanos.
Por ti aprendí a amar y
respetar mucho más a perros y gatos; por ti empecé a mirar con más empatía a
otras personas que tienen por compañía a un perro (o un gato); por ti me duele
el sufrimiento de los perros en la calle, el maltrato animal y me preocupa la
adopción y esterilización canina. Gracias a ti comprendí la importancia de disfrutar
los paseos sólo por el gusto de caminar; a sentir el sol y el aire. Me
enseñaste lo que es amor incondicional y que el amor debe compartirse y crecer;
que amar a un perro, como te amé a ti, no puede significar encerrarme en el
dolor de tu partida, sino dar oportunidad a mi corazón de volver a amar a muchos
otros perritos.
He leído que en
ocasiones nuestros perros se llevan las malas energías y nos protegen. Estoy
segura que tú me cuidaste siempre. Algunas lecturas señalan que los perros captan
el mal o la enfermedad que nos iba a llegar y por eso enferman y a veces mueren
de manera repentina. Mi querido Sam… tú y yo sabemos que al menos los últimos
meses de tu vida coincidieron con meses complejos de la mía y que mi salud estaba
mal, aunque poco hablé de ello.
Por momentos, pensar
que tú habías enfermado por protegerme me hizo sentir culpable. Después leí
algo al respecto que explica que, una vez cumplida su misión, cada perro debe
partir y algunos nos dan un último regalo de amor, al partir llevándose esa
mala energía que nos rodeaba; que no debemos sentir culpa. Así debía ser. Así
debía concluir la misión. Insisto mi pequeño peludo…no lo sé. Pareciera
totalmente irracional, pensamiento mágico, fantasioso o supersticioso, pero yo creo
en las energías, en el poder del amor, de la mente y de los pensamientos. Y
pensar y creer que tu misión estaba cumplida y que como regalo final me
protegiste, y que lo hiciste por amor, me llena de agradecimiento el corazón.
Y te fuiste una mañana soleada
de marzo del 2020
Aproximadamente 4 meses
antes de tu partida enfermaste. Hospitales, médicos, medicinas…Nunca, te lo
juró, nunca pensé que el final estuviera cerca. Estaba segura que te recuperarías
como pasó en otras ocasiones. Cuando entendimos que estabas sufriendo y que era
momento de dejarte partir se me rompió el corazón. Hicimos todo lo que pudimos
y lo sabes. Dejarte ir ha sido una de la decisiones más dolorosas y difíciles
de mi vida, pero sabíamos era lo correcto.
No me despegué de ti ni
un momento, te bese y abrace, te dije cuánto te amaba y te di las gracias; te aseguré
que todo estaría bien, que tú estarías bien, y que yo, papá y Channel nos
recuperaríamos, que por favor te fueras tranquilo. Te canté y todo el tiempo te
miré a los ojos. Y así fue…dejaste este mundo en paz y acompañado por mamá y papá.
Te cargué envuelto en tu cobijita y así en mis brazos viajaste 2 horas hasta
casa de tu abuela y tu abuelo humanos.
Ya tenías un lugar designado en su jardín donde ahora reposa tu
cuerpecito. Allí, rodeado de árboles y flores, en el campo, con sol y aire
fresco, cerca de personas que amo, descansas en paz.
Tuve el privilegio de
tenerte 9 años Sam, 9 años y cinco meses que parecen diluirse como agua. Tantas
risas, tantos paseos, tanto amor… Mi amado, mi muy amado, mi siempre amado Sam
Bigotes, te he llorado mucho, te voy a extrañar lo que me reste de vida. Y
confío en que cuando llegue el momento tú estarás con todos mis seres queridos
aguardándome.
Mientras tanto se muy
feliz en el cielo Samcito, ya no hay dolor, ya eres libre para brincar, correr,
ladrar, comer galletas, helado y carnita.
Te ama, mamá.
jueves, 11 de febrero de 2021
Mujeres y Niñas en la ciencia en tiempos del COVID 19
Mujeres
y Niñas en la ciencia en tiempos del COVID 19
Autora:
Ana Luisa Nerio Monroy
El
mundo necesita de la ciencia y la ciencia de las mujeres, así lo indica la
Organización de las Naciones Unidas. Cada 11 de febrero desde el 2015, se
celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, como una forma de rendir
homenaje a las mujeres que han contribuido con el desarrollo científico y
tecnológico del mundo; mujeres que abrieron brecha y anduvieron primero el
camino tortuoso de romper con estereotipos de género; mujeres que el sistema
patriarcal ocultó porque así le resultaba conveniente.
Miles
de mujeres dedicadas a la investigación científica y desarrollo tecnológico, vieron
sus trabajos, investigaciones y descubrimientos, robados por hombres que eran
sus compañeros, jefes o parejas. Científicas como Nettie Stevens, descubridora
de los cromosomas que determinan el sexo, Rosalind Franklin, cuyo trabajo
contribuyó a la comprensión de la estructura del ADN o Lise Meitner madre de la
fisión nuclear, forman parte de una larga lista, cada vez más amplia pero
también más develada, de mujeres cuyo trabajo no recibió el reconocimiento que merecía.
Esto se llama el “Efecto Matilda”.
El “Efecto
Matilda” se refiere al menosprecio del trabajo científico de las mujeres por
ser mujeres. Así de simple y de terrible.
La ONU
señala que menos del 30 por ciento de los investigadores en el mundo son
mujeres. Cifra que es muy pequeña si pensamos en todas las niñas y mujeres
brillantes que conocemos y que por falta de oportunidades o por la presencia de
estereotipos culturales, no están desarrollando su potencial dentro de la ciencia
y tecnología. Sumado a esto, encontramos políticas públicas en materia educativa,
deficientes y carentes de los estímulos necesarios para que niñas y niños aprendan
matemáticas, física, química o biología, por citar algunos ejemplos, de manera
que se enamoren de estas materias y hagan de ellas sus proyectos profesionales.
Durante
2020 y lo que va de 2021 hemos constatado que el sistema educativo de muchos
países del mundo, entre éstos México, ha demostrado ineficiencia para
garantizar el acceso y permanencia de las niñas y niños en la escuela. Los efectos
de la situación actual en las oportunidades de desarrollo de las niñas para su
educación y futuro profesional pueden ser sumamente negativos si no se atienden
de manera adecuada y con perspectiva de género.
Las
niñas abandonan sus estudios ante la pérdida de las familias de sus fuentes de
empleo, por la pérdida de su madre o padre a causa del COVID 19 o por carecer
de computadora e internet. Las niñas, además, al permanecer encasa se suman a
las tareas de cuidado y del hogar que aún siguen siendo asignadas sobre todo a
ellas, porque son mujeres.
La Organización
de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO), indica que las
mujeres aún son minoría en los campos de las matemáticas, la informática, la
ingeniería y la inteligencia artificial. Apenas un 12 por ciento de las plazas de
las academias nacionales de ciencias, son ocupadas por mujeres.
El 11
de febrero es una fecha para recordarnos que es necesario impulsar el acceso de
las niñas a la educación y apoyar a las mujeres que desean realizar estudios en
áreas científicas y tecnológicas. Todavía hoy, a pesar de los cambios
culturales, hay brechas de género que limitan o impiden que millones de niñas
tengan acceso a la educación, que millones de mujeres abandonen la idea de cursar
ciertas carreras porque no son “para mujeres”. Sobran historias de jóvenes estudiantes
que han vivido y viven discriminación, maltrato, violencia y/o acoso cuando cursan
carreras tradicionalmente masculinas.
Y aún
aquellas mujeres que lo logran y se desarrollan como investigadoras y
científicas, enfrentan el reto de la conciliación de la vida laboral y
familiar. Viven el estrés de una maternidad que debe ejercerse a la par de las
exigencias del mundo laboral y de la falta o poca presencia, todavía, de
parejas que se hagan corresponsables de las tareas de cuidado de las hijas o hijos.
La ONU
ha indicado también que la situación de las mujeres en la ciencia durante esta
pandemia del COVID 19 ha visto retrocesos. El cierre de laboratorios y de
empresas de desarrollo tecnológico han dejado sin su práctica o sin su trabajo
a muchas mujeres. Como sabemos, al quedarse en casa también hay aumento de
responsabilidades para cuidar de otras u otros.
En
España se realiza este año una campaña muy interesante llamada No más Matildas
o No more Matildas, en honor a Maltilda Joslyn Gage, sufragista, abolicionista
y precursora feminista estadounidense, que dedicó gran parte de su vida a
denunciar la opresión de las mujeres y visibilizar las contribuciones de las
mujeres en diversos campos de la vida cultural y científica del mundo.
La
campaña No más Matildas y la celebración del 11 de febrero Día Internacional de
las Mujeres y Niñas en la Ciencia, son esfuerzos de diversos sectores por visibilizar,
reconocer e incentivar la presencia de mujeres y niñas en la ciencia y tecnología.
Son una invitación a la reflexión y a la acción para que cada quien, desde su
espacio, desde los medios con lo que cuente, impulse y reconozca la importancia
de contar con niñas y mujeres interesadas y dedicadas a la ciencia y
tecnología. Cierro con la frase de la ONU con la que inicié “El mundo necesita de la ciencia y la ciencia de las mujeres”.
sábado, 5 de diciembre de 2020
¿Violencia de género o violencia contra las mujeres?
Autora: Ana Luisa Nerio Monroy
Cuando
hablamos de violencia de género (o basada en el género) y violencia contra las
mujeres no nos estamos refiriendo a lo mismo. Son términos que suelen ser
usados de manera indistinta, como si fueran sinónimos y no lo son.
La violencia de género es aquella que afecta tanto a mujeres como a
hombres a partir del papel o rol que la sociedad espera desempeñen, en el marco
de una cultura y tiempo histórico determinado. Es decir, es una violencia
basada en el género de la persona. Por ejemplo, un hombre que no cumple con el
mandato de la heterosexualidad, o un niño que no es fuerte y valiente como
marcan los estereotipos de género de la masculinidad tradicional, podrían ser
objeto de algún tipo de violencia.
Este tipo de violencia no tiene que ver con nacer mujer u hombre en su
sentido biológico sino con la construcción social de lo que se supone apropiado
para lo femenino y lo masculino, es decir, el género. En el caso de las
mujeres, la violencia de género se expresa en actos violentos basados en
relaciones de poder, donde las mujeres son vistas y tratadas como inferiores y
subordinadas.
El término violencia contra las mujeres refiere a las múltiples formas de violencia que les afectan por el sólo hecho de nacer mujer, a lo que se suma la construcción de género. En este sentido la definición contenida en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de 1993, proporciona los elementos esenciales para su entendimiento: “Por violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.[1]
CONCLUSIÓN
La violencia de género
es aquella ejercida contra cualquier persona, en función de la construcción social
de género, es decir, de lo que se espera que mujeres y hombres sean y hagan.
La violencia contra las
mujeres es específicamente contra ellas, por haber nacido mujeres.
Cuando hablamos de
violencia contra las mujeres y las niñas, necesariamente incluimos el
componente de género, por la importancia que tiene éste en la forma que
históricamente las mujeres han sido vistas y tratadas como inferiores y
subordinadas respecto a los hombres. No puede entenderse la violencia contra
las mujeres si no reconoce que, entre las causas de ésta, se encuentra la forma
en que los roles y estereotipos tradicionales de género han sido clave para que
las mujeres vivan con más o menos libertad, con mayor o menor grado de
violencia.
Twitter @aluisanerio
[1]






